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Cuidados Generales de la Piel
La piel sufre un proceso de deterioro determinado por el paso del tiempo, a lo que se suma la influencia de ciertos agentes externos. Estos cambios pueden retardarse y atenuarse con algunas sencillas medidas para el cuidado del cutis. Estas recomendaciones generales deben adaptarse a ciertas características particulares como el tipo de piel y la actividad del paciente.
- Las glándulas sebáceas mantienen una capa grasa que protege y lubrica la piel, pero que además captura las impurezas atmosféricas como partículas de carbón, polen, ácaros, tierra; que tienen cierta capacidad irritante. Es por esto aconsejable, al terminar el día, el empleo de productos de limpieza que retiren esta película sebácea con el material atrapado en ella. Al completar esta medida la piel está permeable para absorber los productos hidratantes y nutrientes.
- En el proceso de envejecimiento cutáneo, un factor importante es la incapacidad para retener el agua dentro de los tejidos y por consiguiente una progresiva deshidratación de la piel, que resultan en una piel seca y sin elasticidad. Para revertir en alguna medida este fenómeno es recomendable el empleo de productos humectantes, tantas veces como sea necesario para mantener la piel hidratada. Es recomendable la ingesta de al menos 2 litros de agua fresca diarios.
- El deterioro de la piel, se ve favorecido y agravado por la exposición a los rayos solares y en especial a la radiación ultravioleta. Por ello es necesaria la protección de la piel mediante la aplicación de un filtro solar factor 15 o mayor. Son preferibles los que protegen de las radiaciones UVA y UVB. Algunos productos cosméticos ya lo incluye en su formulación, y en caso de no ser así deben usarse rutinariamente. Es aconsejable renovarlo al menos dos o tres veces en el día, sobre todo en la intemperie, debido a que su acción se debilita por el contacto con la transpiración.
- La acción de los músculos de la expresión facial, por la contracción y expansión repetidas en el tiempo en una piel cada vez más adelgazada y menos elástica, va produciendo las arrugas finas, que se ubican sobre todo alrededor de los ojos y la boca. Hoy se dispone de productos exfoliantes, como los alfahidroxiácidos (AHA), el ácido glicólico y el ácido retinóico, que remueven las capas más superficiales de la epidermis y activan su regeneración, atenuando estas arrugas y mejorando el grosor y calidad de la piel. Hay también productos y procedimientos emolientes, que remueven las capas superficiales, ya no por un efecto químico como los anteriores, sino mediante la suave fricción con partículas de sílice contenida en ciertas cremas.
En conclusión una rutina que incluya limpieza, hidratación, exfoliación y protección solar, constituyen la base de los cuidados del cutis, para evitar o atenuar los efectos de los factores que deterioran su calidad.
El tipo de piel (grasa, seca, mixta) y su grado de deterioro son características muy individuales, que deben ser evaluadas por un profesional para indicar la clase de productos adecuados, su formulación y el modo de empleo más adecuados para cada caso en particular.
Extirpación de lesiones cutáneas
Al extirpar una lesión de la piel (nódulos, cuerpo extraño, cicatrices.), es importante predeterminar la ubicación y dirección de la incisión, para lograr una cicatriz resultante poco visible. No tan sólo debe considerarse ocultar la cicatriz final en los límites del cuero cabelludo, surcos o zonas de cambios de coloración de la piel, sino también ubicarla en la dirección que siguen las fibras colágenas del dermis, que configura las llamadas líneas de tensión mínima, y que coinciden con el sentido de las arrugas. Las cicatrices paralelas a estas líneas, son de mejor calidad que las que las cruzan perpendicularmente.
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Reparación de heridas y cicatrices:
El tratamiento de las heridas, sean estas traumáticas o resultantes de operaciones, tiene un mejor pronóstico en cuanto a su evolución y cicatriz resultante, si son reparadas según las técnicas atraumáticas, El empleo de maniobras delicadas, instrumental y materiales de sutura finos, contribuyen a determinar una menor reacción inflamatoria de los tejidos, y por ello una menor cantidad de tejido cicatrizal. Esto se complementa con ciertas medidas posteriores a la operación, como la compresión, los masajes y los parches de silicona, que permiten en gran medida prevenir una cicatriz notoria.
En algunas circunstancias, que dependen de la calidad de la piel o de la intensidad del traumatismo que originó una herida, puede aparecer un tipo de cicatriz denominada hipertrófica, que es más roja y voluminosa. Pueden tratarse resecándolas quirúrgicamente y/o con medidas como la compresión o infiltración de corticoides. Los queloides, por su aspecto son prácticamente indistinguibles de las cicatrices hipertróficas. No obstante pueden diferenciarse porque generalmente rebasan los límites de la lesión inicial y provocan sensaciones de quemadura o picazón Se ven con mayor frecuencia en hombros y región pectoral y son más rebeldes a responder a los tratamientos mencionados. Habitualmente su resección debe complementarse con radioterapia, para evitar su recidiva.
En ciertos casos, las cicatrices se contraen y se hacen notorias debido a que se hunden, determinando dos “montes” en la piel vecina, que las hace más visibles. Son las cicatrices retráctiles y deben tratarse con técnicas que "quiebran la línea de retracción", como las Plastías en Z o Múltiple W.
En presencia de lesiones de un tamaño que haga difícil el cierre por afrontamiento de los bordes, debe recurrirse al uso de los distintos tipos de injertos y colgajos, que utiliza la cirugía plástica para trasladar piel desde otro lugar.
Algunas lesiones cutáneas superficiales, como pigmentaciones, cicatrices o arrugas finas, que deterioran la tersura de la piel, pueden tratarse con procedimientos que eliminan sus capas más superficiales y estimulan su posterior regeneración. Esto se logra mediante la aplicación de ciertos productos químicos con propiedades cáusticas (peeling), por la fricción mecánica (dermoabrasión), por la coagulación con radiofrecuencia o más recientemente con el rayo láser (resurfacing).
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